Estudiantes de español encuentran un espacio para hablar y conectar en club mensual de conversación

Traducido por Jenifer Veloso | versión en inglés

Como mexicana nativa que creció hablando español, el Club de Conversación en Español mensual que Verónica Piedra Góngora facilita en Queens’ Provisions no necesariamente tiene como objetivo mejorar su propia fluidez en el idioma. Sin embargo, sí le ayuda a desarrollar habilidades relacionadas con su actual formación académica.

Piedra Góngora trabaja actualmente en el Genesee Intermediate School District y está cursando una maestría con la intención de convertirse eventualmente en maestra de estudiantes multilingües. El club de conversación le permite poner a prueba con los participantes algunos de los métodos pedagógicos que está aprendiendo en su programa de formación docente.

“Los asistentes tienen diferentes niveles de dominio”, dijo. “Algunos apenas están comenzando y otros tienen un nivel muy avanzado, así que se sienten más cómodos hablando y teniendo conversaciones. Así fue como empecé a traer algunas de las cosas que estoy aprendiendo ahora que estoy tomando clases para mejorar mi manera de enseñar. Las llevo al Club de Conversación, como organizadores gráficos o estructuras de oraciones que les permitan decir: ‘Ah, puedo leer esta expresión y puedo parafrasearla usando mi propio vocabulario’”.

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Verónica Piedra Góngora organiza un Club de Conversación en Español mensual en Queens’ Provisions. (Foto: Patrick Hayes)

Piedra Góngora nació en Isla Mujeres, una isla frente a la costa de la península de Yucatán, en el golfo de México, ubicada en el estado de Quintana Roo. Creció en un hogar multilingüe, con abuelos que hablaban maya, mientras ella también aprendía y hablaba español.

“En casa, normalmente me regañaban en maya y luego lo mezclaban un poco con español”, dijo.

Fue abogada en México y ejerció durante casi 10 años en el área de protección ambiental. Sin embargo, cuando se mudó a Illinois hace poco más de cuatro años, no pudo ejercer la abogacía en Estados Unidos debido a las diferencias en los requisitos para obtener una licencia profesional. Debido a los requisitos migratorios, durante un periodo después de su llegada tampoco pudo trabajar. Para ocupar su tiempo, se inscribió en clases de inglés como segundo idioma (ESL, por sus siglas en inglés) para adultos con el fin de mejorar su dominio del inglés. Esa experiencia también despertó en ella un nuevo interés profesional.

“Mi instructora me preguntó al final del curso: ‘Oye, Veronica, ¿te gustaría trabajar con estudiantes?’”, dijo Piedra Góngora. “En ese momento no podía trabajar, pero seguí mejorando mi inglés y, cuando pude trabajar, tuve una entrevista en GISD y conseguí el empleo”.

Se mudó a Flint hace aproximadamente dos años, compró una casa en el histórico vecindario de Carriage Town y comenzó a pasar tiempo en Queens’ Provisions, que queda cerca de su casa. A medida que hizo amistades en distintos círculos de la ciudad, sus conocimientos de español resultaron ser muy útiles, y algunas personas comenzaron a pedirle consejos sobre cómo ayudar, en diferentes entornos, a personas que no hablaban inglés.

“Algunos amigos que trabajan en la oficina de manutención infantil, en bancos o con la policía tenían familias o clientes que llegaban y no sabían cómo comunicarse porque solo hablaban español”, dijo Piedra Góngora. “Entonces me preguntaban: ‘¿Sabes qué expresiones puedo usar para romper el hielo y hacer que se sientan más cómodos?’. Así que empecé a hacer algunas notas para mis amigos: esto es lo que pueden decir cuando los saluden, esto es algo que deberían preguntar o que deberían tener cuidado de no preguntar por respeto. Simplemente empecé a darles ese tipo de consejos a mis amigos de Flint”.

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La mayoría de los meses, entre cinco y 15 personas participan en el Club de Conversación en Español de Queens’ Provisions. (Foto: Patrick Hayes)

Esas conversaciones improvisadas llamaron la atención de Emily Doerr, propietaria de Queens’ Provisions, quien se acercó a Piedra Góngora con una idea.

“Vivo a dos cuadras de aquí y Emily me dijo: ‘Siempre estás aquí pasando el rato, ¿te molestaría organizar algo así como un club de conversación o crear un espacio para que la comunidad conozca el español?’”, contó.

El club comenzó oficialmente hace aproximadamente un año. Se reúnen a las 6 p.m. una vez al mes, el último martes de cada mes.

“Estudio por las noches y trabajo por las mañanas, así que solo me comprometí a hacerlo una vez al mes, pero así fue como comenzamos”, dijo. “Así que el último martes del mes nos reunimos, tomamos un poco de vino y practicamos”.

El grupo ofrece un espacio para que personas con una amplia variedad de niveles de español se reúnan, practiquen y aprendan. Piedra Góngora dijo que el grupo tiene un promedio de aproximadamente ocho personas por sesión, aunque algunas veces llegan hasta 15 y otras solo participan unas pocas personas. Los niveles de experiencia también varían.

“Tal vez lo aprendieron en la escuela secundaria y no lo han practicado”, dijo. “O quizá viajaron a Madrid, España, el verano pasado y quieren seguir mejorando o aprendiendo español”.

Piedra Góngora prepara las lecciones y actividades y las adapta al grupo. A veces, las lecciones son específicas y prácticas, como cuando alguien tiene planeado viajar a un país de habla hispana y necesita consejos sobre expresiones esenciales para comunicarse. Otras veces, cuando no hay una necesidad específica, simplemente organiza las conversaciones alrededor de experiencias comunes, como las mascotas.

“Trato de traer temas que estén relacionados con todos”, dijo. “Algunas personas me dicen que van a viajar, así que les digo: ‘Está bien, probablemente necesiten vocabulario de supervivencia’. Otras personas dicen: ‘Tengo una entrevista y probablemente habrá personas que hablen español, y quiero verme profesional’. Entonces, ese mes llevo vocabulario más relacionado con el trabajo o con situaciones profesionales. Otras veces, si estás viajando y te pica un mosquito o algo, una araña, y necesitas ir al médico en Centroamérica y explicar cómo te sientes y dónde te duele. Cuando estás en un país extranjero y hablas un idioma extranjero, necesitas esas habilidades de supervivencia”.

Las sesiones son informales, pero tienen una estructura flexible que combina conversaciones, lecturas, juegos y otras actividades interactivas para lograr que los participantes se comuniquen. También intenta combinar a personas con más experiencia con otras que tienen menos experiencia, para que puedan ayudarse mutuamente. El grupo está abierto a cualquier persona que quiera asistir y aprender, incluso si solo quiere escuchar.

“Es increíble ver cómo evolucionan de ser muy tímidos y muy callados al principio”, dijo Piedra Góngora. “Siempre digo: ‘Si solo quieres escuchar, está bien’. No tienes que hablar si no te sientes cómodo. Siempre puedes tomar una copa de vino y simplemente pasar el rato. Siéntate donde quieras y simplemente escucha o presta atención a la conversación. Las personas que tienen ganas de participar empiezan con unas pocas palabras. Llevo muchos juegos. Así vamos desarrollando esa confianza y luego leemos un poco, dependiendo del tema. Después de leer, hacemos algunas actividades y se dividen en diferentes grupos para simplemente conversar. Se ayudan entre sí y hacen que los demás se sientan más cómodos y puedan corregirse entre ellos. Yo no soy la policía de la gramática, así que no estoy aquí para decir: ‘Oh, eso está mal. Así no se dice’. Son libres de dejarse llevar y seguir la conversación”.

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