Un residente querido de Flint enfrenta una orden de deportación: cómo podemos ayudar

Traducido por Jenifer Veloso | versión en inglés

Conocí a Jesús López Rodríguez por primera vez durante una jornada comunitaria de limpieza en el Latinx Technology and Community Center de Flint el año pasado. Como ha hecho por años en los eventos de la comunidad, Jesús estaba allí preparando pizzas cubanas en su parrilla para las personas voluntarias que pasaron el día recogiendo basura, desyerbando los jardines del invernadero y realizando varias tareas a lo largo de la calle Lewis.

Mi hijo, entonces de 14 años, me acompañó. Es famoso por ser muy selectivo con la comida y por no ser nada aventurero a la hora de probar sabores nuevos. Jesús se ofreció a prepararle una pizza y Oliver, que también es un chico tímido, dudó y respondió amablemente “no, gracias”, aunque yo sabía que tenía hambre después de varias horas cargando bolsas pesadas de basura. Jesús fue persistente y amable; le mostró los ingredientes, le explicó cómo preparaba las pizzas y logró convencerlo de dejarle cocinarle una. Oliver la probó y le encantó. Volvimos a ver a Jesús en un par de eventos después de eso, y siempre tuvimos que detenernos porque sus pizzas se convirtieron en una de las pocas comidas que Oliver acepta comer.

A bald man with a goatee and glasses in a brown sport coat posing for a picture
Jesus López Rodriguez

Comparto esto porque Jesús, nuestro vecino, amigo y parte fundamental de la comunidad de Flint, está en peligro. Tras una orden de deportación emitida el 2 de diciembre de 2025, enfrenta la deportación a Cuba a pesar de ser residente legal permanente y de haber vivido en Estados Unidos por más de 21 años, 12 de ellos en Flint.

La Flint Alliance for Immigrant Rights (FAIR) está movilizando a la comunidad en apoyo de Jesús. Además de pedir a autoridades electas, agencias federales y líderes comunitarios que se pronuncien a su favor, están alentando a las personas a firmar una Carta Comunitaria y Organizacional de Apoyo a su regreso a Flint y a donar a través de un enlace para apoyar su defensa legal.

FAIR está pidiendo la intervención del Congreso y de agencias federales para garantizar la seguridad de Jesús López Rodríguez y exige que las autoridades:

  • Emitan de inmediato una suspensión de la orden de deportación para López Rodríguez;
  • Lo liberen de detención mientras su representación legal revisa el caso; y
  • Investiguen las condiciones de detención y el acceso a atención médica que ha experimentado López Rodríguez.

López Rodríguez, de 61 años, es mucho más que un pilar de nuestra comunidad. Es un miembro querido de nuestra familia comunitaria que construyó su vida y su negocio aquí, y es el principal sostén económico de su madre, quien también es residente legal permanente y dependiente de su cuidado.

“Jesús ha pasado más de dos décadas construyendo su vida en este país”, dijo Asa Zuccaro, director ejecutivo del Latinx Technology and Community Center, en un comunicado. “Nuestra comunidad no puede quedarse en silencio mientras a un residente legal permanente lo arrancan de su familia”.

Durante más de seis meses, López Rodríguez ha estado detenido y actualmente se encuentra en el Calhoun County Correctional Facility en Battle Creek. Según un comunicado de FAIR, que ha estado en contacto con su familia y su abogado, ha sido sometido a condiciones peligrosas, a falta de atención médica y a violaciones al debido proceso.

Jesús llegó a Estados Unidos en 2004 a través de la lotería de visas cubana, con la aprobación completa de la Embajada de EE.UU. en La Habana. Las personas residentes permanentes legales son extranjeras autorizadas a vivir y trabajar en el país de manera permanente, aunque esto no les otorga la ciudadanía plena. El 2 de junio, mientras iba de camino al trabajo, fue detenido por agentes federales. Cuando presentó lo que creía ser su tarjeta válida de residencia permanente, los oficiales se la confiscaron y lo llevaron bajo custodia.

Según FAIR, hace más de una década Jesús resolvió un delito no violento en Florida, por el cual cumplió su sentencia en 2013, y desde entonces ha vivido pacíficamente y productivamente en la comunidad. Su abogado de muchos años y su familia destacaron a FAIR que este incidente del pasado no representa a la persona que es hoy ni la estabilidad que ha construido durante los últimos 12 años en Michigan.

De acuerdo con reportes de su familia, mientras ha estado detenido, Jesús ha sufrido:

  • Traslados nocturnos entre instalaciones sin acceso a sus pertenencias personales básicas, dejándolo sin elementos esenciales como lentes o artículos dentales;
  • Repetidos períodos de aislamiento como castigo y falta de interpretación lingüística adecuada;
  • Problemas de seguridad debido a altercados físicos iniciados por otras personas detenidas;
  • Comida de mala calidad y condiciones de vida inseguras o insalubres; y
  • Graves problemas de salud sin atención, incluyendo lesiones sin tratamiento y dificultades para acceder a la atención médica necesaria.

“Estas condiciones son inaceptables, peligrosas e inhumanas”, dijo Lucine Jarrah, miembro de la coalición FAIR, en un comunicado. “Nadie debería ser sometido a este nivel de negligencia y abuso. Necesitamos que la gente tome acción, exija rendición de cuentas, defienda a nuestras comunidades y nos ayude a traer a nuestros seres queridos de regreso a casa”.

Por favor, considera apoyar a nuestro vecino si puedes. Pero también quiero desafiar a cualquiera que lea esto a alzar la voz y cuestionar cualquier pensamiento o política federal que respalde o permita tanta crueldad innecesaria. La historia de Jesús nos toca de cerca, pero no es rara. Esto no nos hace más seguros. De hecho, causa un daño profundo y un trauma en nuestras comunidades. No es moral ni espiritualmente justificable, y tampoco se sostiene desde una perspectiva de política pública, cuando expulsa por razones injustificadas a residentes trabajadores, productivos y queridos de nuestras comunidades. Seamos inequívocos en abogar por ellos y en gritar estas verdades desde lo más alto.

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