Traducido por Jenifer Veloso | versión en inglés
Antonia Aurelia aún recuerda sus primeros intentos de hacer tamales. Estuvo a punto de rendirse.
“No era algo que me interesara al principio, porque es difícil y lleva mucho tiempo”, dijo Aurelia, originaria de Flint.
Los tamales tienen sus raíces culturales en Mesoamérica. Prepararlos de manera correcta y auténtica requiere un proceso largo, detallado y laborioso: remojar y preparar las hojas de maíz, cocinar y sazonar los rellenos, y mezclar la masa hasta lograr la consistencia perfecta. Cada tamal debe ensamblarse con cuidado, doblarse y cocerse al vapor durante más de una hora antes de estar listo. Cada paso exige paciencia y precisión.
Aurelia comenzó a hacerlos como parte de la tradición familiar. Su abuela los preparaba y su madre —que trabajaba en AC Delco— los vendía allí. También los enviaba con su padre, quien trabajaba en GM Truck and Bus, para que los vendiera en su trabajo.
“A medida que fui creciendo, necesitaba dinero extra de vez en cuando, así que los hacía,” contó Aurelia. “Pero cada vez que los hacía decía: ‘No vuelvo a hacer esto nunca más.’”

Con el tiempo, sin embargo, perfeccionó su técnica, una habilidad que ha pasado de generación en generación. Su familia es originaria de Chihuahua, México, en la frontera con Texas y Nuevo México. A medida que fue refinando su proceso, Aurelia descubrió un ingrediente clave: la pasión.
“Requieren amor”, dijo Aurelia. “Requieren técnica. Son cosas que se han transmitido de generación en generación.”Los años que ha dedicado a perfeccionar su arte han dado como resultado mucho más que una fuente adicional de ingresos: hoy es un negocio en pleno crecimiento. El año pasado, Aurelia elaboró aproximadamente 33.000 tamales, que se vendieron en distintos eventos, festivales y mercados. Este mes abrirá su primer local físico de The Tamale Spot en el Flint Farmers’ Market, en el puesto número 40, donde antes estaba MI Great Lakes Fish Co.
Reinventarse a sí misma
En 2022, Aurelia atravesó un divorcio y perdió su trabajo. Mientras trataba de reconstruir su vida, se propuso un objetivo sencillo: alcanzar la estabilidad económica.
“No veía una luz al final del túnel en cuanto a mi futuro o mi presente financiero”, dijo. “Soy madre soltera y trabajaba todo el tiempo solo para sobrevivir.”
Sabía, por experiencia previa, que ya tenía una base de clientes pequeña pero leal que amaba sus tamales y los recomendaba. Se dio cuenta de que si invertía más tiempo en su negocio, podría convertirlo en algo exitoso.

Al principio, eso significó hacer otros trabajos mientras desarrollaba su emprendimiento.
“Hacía tamales, pero también trabajaba haciendo Door Dash y como maestra sustituta,” explicó.
Su intuición resultó acertada: cuanto más tiempo dedicaba a los tamales, más crecía el negocio. Primero dejó DoorDash y, al final de 2023, también dejó de enseñar porque las ventas aumentaron tanto que ya no era necesario.
“Todo empezó a crecer de boca en boca: alguien le decía a otra persona, y esa a otra, y así sucesivamente”, dijo. “Comencé a recibir pedidos más regulares y a participar en eventos en el centro de la ciudad.”
El aumento de la demanda también la ayudó a ganar velocidad y confianza en su proceso —ahora incluso enseña a otros. Parte de su negocio consiste en clases de elaboración de tamales en la cocina demostrativa del Mercado de Agricultores de Flint. Además de aprender la técnica, los estudiantes desarrollan una apreciación por la cultura y la dedicación que requiere el proceso.
“Si te doy la receta exacta, con las medidas exactas, aún así puede que no te salgan bien, porque la técnica se adquiere con el tiempo,” explicó Aurelia. “No es algo que pueda regalarte ni algo que mi mamá pudo regalarme. Ella me dio el conocimiento, pero la práctica y la paciencia solo se aprenden con los años.”
Personas de todos los niveles han tomado sus clases. Además de compartir los pasos técnicos, Aurelia espera que los alumnos comprendan la dificultad de lograr un tamal perfecto.
“Algunos piensan que tomarán la clase y luego harán tamales por su cuenta, y eso está genial si lo hacen, pero la mayoría simplemente se da cuenta de cuánto trabajo implica”, dijo. “Los tamales no son algo que decides hacer a las cuatro de la tarde para cenar; es todo un proceso.”

Esa complejidad hace que los tamales auténticos sean difíciles de encontrar incluso en muchos restaurantes. A menudo, explicó Aurelia, requieren tener un empleado dedicado solo a hacer tamales, lo cual puede ser costoso, por eso muchos optan por versiones congeladas. En sus clases, Aurelia muestra la diferencia entre un tamal fresco y uno congelado.
“Me encanta cuando alguien me dice: ‘Es la primera vez que pruebo un tamal’, o cuando dicen: ‘Los tamales no son lo mío, pero estos me gustan’”, comentó. “Muchas veces, los tamales que la gente ha probado son industriales, congelados, recalentados y cubiertos de salsas para mejorar el sabor. Me encanta ofrecer un tamal auténtico, hecho al momento, todavía caliente, sin haber sido recalentado.”
Su nuevo hogar en el mercado
El puesto que abrirá Aurelia puede ser nuevo, pero su presencia en el Mercado de Agricultores de Flint no lo es. Como muchos emprendedores gastronómicos de la ciudad, ha trabajado junto a Tony Vu, fundador de la organización sin fines de lucro Flint Social Club, que apoya a personas que quieren iniciar sus propios negocios de comida.
“Tony Vu me ayudó mucho porque organizaba eventos e invitaba a participar como vendedora”, dijo. “También vendía desde el puesto del Flint Social Club cuando estaba en el mercado.”
Aurelia está emocionada de tener su propio espacio junto a amigos y colegas del mercado, como Nate Campbell, de 810 Tings, y sus amigos de Say Cheese 810, entre otros.
“Apoyo a todos y agradezco su apoyo también”, dijo Aurelia. “Me han ayudado con preguntas sobre licencias, prestándome equipo extra o simplemente dándome ánimos. Yo trato de devolver ese apoyo. No me siento sola; siento que la gente realmente me apoya. No nos vemos como competencia. Cada quien se mantiene firme con lo que ofrece y podemos estar orgullosos de nosotros mismos y de los demás.”
Aurelia todavía está afinando los últimos detalles de su concepto y espera abrir a finales de noviembre. Planea ofrecer tamales tradicionales de cerdo y de pollo, además de opciones vegetarianas como frijoles negros con cebolla o jalapeño con queso. También venderá totopos caseros, varias salsas y guacamole y, con el tiempo, productos de temporada —como tamales de zarzamora con queso crema cuando las frutas estén en temporada.

“La gente no piensa en los tamales como comida de desayuno, pero los tamales son comida para todo momento”, dijo.
Aurelia también seguirá participando en eventos, mercados y pedidos de catering en los que sus clientes la han conocido a lo largo de los años. Además de su página de Facebook, los clientes pueden encontrar información en su sitio web e en Instagram.
“Estoy siempre agradecida por las personas que siguen apoyándome”, dijo Aurelia. “No soy una gran vendedora, así que el producto tiene que venderse solo y lo hace. Pero tengo clientes tan maravillosos que merecen comisión porque van y recomiendan mis tamales por todos lados. Estoy muy agradecida por la oportunidad de mostrarles a la gente lo que es un tamal auténtico y por ayudarles a apreciarlo.”

