Traducido por Jenifer Veloso | versión en inglés
Una de las primeras habilidades que Tomás Tello de Flint tuvo que aprender como DJ fue la capacidad de leer y reaccionar al público. Y cuando cometía errores en sus primeros toques, no tenía que mirar muy lejos para recibir retroalimentación.
“Mi papá me echaba la mirada de odio, como diciendo ‘¿qué estás haciendo?’ Y ahí fue cuando aprendí a leer al público, que no siempre podía tocar lo que yo quería, sino lo que la gente quería”, dijo el joven Tello, conocido como Mixmasta Mas. “No era bueno al principio, como todos cuando empiezan algo nuevo. Él (su papá) me decía: ‘intenta mezclar estas canciones’ o ‘intenta hacer esto o replicarme o haz tu propia cosa y ve qué pasa.’ Hubo muchos momentos de ‘¿qué diablos estás haciendo?’, pero todo era por amor.”
Su padre, también llamado Tomás Tello, tiene décadas de experiencia como DJ y ha sido una gran influencia mientras su hijo trabaja en perfeccionar el oficio.
Ese amor y pasión por el arte, transmitido por el Tello mayor —que se presenta como Eduardo Scizzahandz— tiene raíces en su propia experiencia creciendo en Flint en los años 80. Estaba rodeado de drogas, crimen y muchas tentaciones negativas, pero encontró en el DJ un refugio competitivo que a veces lo salvó de influencias más destructivas.
“Crecí en el barrio, y siempre ha habido crimen en Flint, pero en ese entonces era otra cosa,” dijo Scizzahandz. “Pero también era la era dorada del hip hop. Mis amigos y yo íbamos a uno de sus garajes con discos, tocadiscos viejos y un mezclador quizá de Radio Shack, lo que fuera necesario para practicar scratching y rapear. Era una forma de mantenernos fuera de problemas y competir en algo que no fuera deportes.”
Eso fue hace unos 40 años. Tello cuenta que empezó a experimentar con el equipo y el DJ’ing cuando tenía 12 o 13 años, y no ha parado desde entonces. Le dio una salida, especialmente en tiempos difíciles de su juventud.
Sus padres lo enviaron a escuelas privadas —primero Dukette y luego Powers Catholic— con la esperanza de que fuera más seguro. Pero Scizzahandz no encajó allí y también tuvo problemas al transferirse a Flint Central.
“Andaba con la gente equivocada, no me aplicaba”, recordó. “Y luego me fue peor en Central.”

Con el tiempo se dio cuenta de que si no cambiaba, no se graduaría.
“Empecé a darme cuenta de que tenía que ponerme las pilas,” dijo. “Pensé: carajo, no me voy a graduar. Así que cambié y me convertí en otra persona.”
Desde entonces ha sido voluntario en la comunidad, mentor de jóvenes y ha tenido una larga carrera trabajando para Flint Community Schools. Ha sido miembro de la junta del Latinx Community Center y del consejo parroquial de Nuestra Señora de Guadalupe. También ha construido su carrera como DJ: tocando en eventos, trabajando como maestro de ceremonias y locutor, produciendo música y mezclas, y como personalidad radial en WKUF 94.3 FM, la estación de la Universidad Kettering.
Con los años, Scizzahandz ha seguido influenciado por muchos géneros musicales de su crianza y su cultura. Pero el hip hop fue el inicio.
“El hip hop fue una fuerza impulsora en mi crecimiento, y no era tan abundante ni tan accesible como ahora,” dijo. “Hoy, si miras el Top 20 de Billboard, hasta en el country encuentras rap. En aquel entonces era impensable. Pero el hip hop era fresco, nuevo, emocionante y rebelde. Yo vivía en el barrio, así que me atrapó.”
De esa base, Scizzahandz mezcla en sus presentaciones géneros como música latina, dancehall, jazz fusión, soul, funk y rock clásico con hip hop, dependiendo de la audiencia.
“Puedo poner una bachata y luego mezclar a Michael McDonald,” dijo. “Pero todo comienza con mezclar, cortar, hacer scratching y trabajar los platos, no sólo con hacer clic en un mouse.”
Ha tocado en Detroit, Chicago y otros lugares de Michigan y el Medio Oeste.
El orgullo familiar y cultural también son parte esencial de quién es como artista. Su abuelo era de Irapuato, Guanajuato (México), veterano de la Segunda Guerra Mundial con dos Corazones Púrpura. Su abuela era de Uvalde, un pueblo fronterizo en Texas, y su madre y tía son de Michigan.
“Yo nací y crecí aquí, pero rodeado de cultura mexicana y de gente de México y de un pueblo fronterizo, así que crecí con todo tipo de cosas alrededor,” dijo.
Ese orgullo cultural también se lo transmitió a su hijo, quien vio a su abuela trabajar en cárceles, ofreciendo servicios de traducción y trabajando en organizaciones comunitarias. Su padre participó como mentor y fue su líder de Cub Scouts. Su tía estuvo muy involucrada en su iglesia. Todo eso influyó en Mixmasta.
“En general, había este tema en mi familia de estar involucrados en la comunidad, ayudar a otros y tener empatía,” dijo. “Eso fue lo que me inspiró a pensar: caray, necesito continuar con el nombre de mi familia.”
El joven Tello creció en Flint durante la crisis del agua, y fue voluntario en su iglesia repartiendo agua y filtros. También participó en la Flint Public Health Youth Academy, la Pediatric Public Health Initiative, y en eventos a través del Latinx Center.
Pero también enfrentó sus propias luchas. Como su padre, fue a una escuela privada donde era uno de los pocos estudiantes no blancos. Tras las elecciones de 2016, se volvió más común escuchar chistes racistas de personas que él consideraba amigos.
“Los estudiantes empezaron a hacer bromas que no eran amigables para alguien con un trasfondo como el mío, apasionado por mi herencia mexicana y por Flint,” dijo. “Escuché chistes sobre el muro fronterizo o sobre el agua de Flint. Terminé aprendiendo a defenderme y a educar a otros. Esa experiencia me hizo más apasionado por la justicia social.”
Al igual que su padre, encontró confianza en la música y el DJ’ing, y también disfruta mezclar diferentes géneros.
“Al estar en el Latinx Center y con diferentes personas, tuve exposición a muchas culturas y músicas distintas,” dijo. “Me gusta todo. Depende de mi estado de ánimo. Puedo escuchar a Hall & Oates un día, luego a King Von, Bad Bunny, Michael Jackson, Jimi Hendrix o Korn. Crecí oyendo de todo en la radio de mi papá. Eso es lo que me enseñó: ser único, auténtico y no sonar como cualquier otro DJ.”
Scizzahandz dice que nunca quiso obligar a su hijo a ser DJ, pero el ambiente en que creció lo influyó. Lo llevaba a los eventos, le pedía ayuda cargando discos o montando equipos, y siempre escuchaba música.
“Cuando íbamos en el coche, le ponía música instrumental, hip hop instrumental, porque no quería que aprendiera todas las palabrotas,” dijo. “Sin querer empujarlo, supongo que eso lo influyó y empezó a interesarse.”
Actualmente, Mixmasta estudia administración de la cadena de suministro en la Universidad Estatal de Michigan y tiene una especialización en español. Además de pinchar en fiestas y eventos en el campus, trabaja en Impact 89, la radio estudiantil de MSU, y ha estado al aire junto a su padre en WKUF. Recientemente terminó una pasantía en Chicago, donde además tuvo experiencias valiosas en la escena musical de la ciudad. Conectó con contactos de su padre y también creó los suyos —incluso conoció a DJ Head, productor de Eminem.
“Mi papá prácticamente vivía allá en esa época, iba todos los meses,” dijo Mixmasta. “Me presentó a algunos amigos que me guiaron. También fui a buscar promotores, dueños de clubes y bares, noches de decks abiertos. Cualquier experiencia para hacer crecer mi nombre, la buscaba. Chicago es la cuna del house, fue increíble presentarme allí.”
Hoy, mientras su hijo crece y construye su carrera como DJ, Scizzahandz disfruta el papel de padre orgulloso viendo sus logros.
“Él estaba tocando en Chicago, y yo vivía esa experiencia a través de él,” dijo. “Le va muy bien en lo académico, y además verlo crecer y tomar control como DJ… es condenadamente bueno, lo amo y me encanta verlo. Es emocionante y divertido.”

